jueves, 8 de agosto de 2019

Mila & Bianca - Parte 8

-Perdón, pero no entiendo en qué consiste el trabajo.
-La idea es que puedas asimilar la mayor cantidad de asociaciones a la compañía, de manera tal que tus ingresos se retroalimenten de las participaciones que generaste a través de tus iniciativas.
-¿Y cuánto sería el sueldo mensual?
-Bueno, si bien no es habitual preguntar el salario en la primera entrevista -contestó el entrevistador, con algo de soberbia, mientras miraba por debajo del cuello de la entrevistada- te comento que no tenés que preocuparte por un sueldo, ya que acá tenés la posibilidad de hacer mucho más dinero de lo que cobrarías por un básico en cualquier otra empresa, donde sólo tendrías un ingreso fijo, por más que merecieras una cantidad mayor. Te ofrecemos superación y una mejor calidad de vida.

-¿No hay sueldo?
-Lo que nosotros queremos es promover un espíritu de trabajo en equipo, potenciado por las ambiciones personales, que son las que logran el diferencial al final del día. Cuando nos ponemos a mirar ejemplos de personas exitosas, siempre nos topamos con que su filosofía de vida fue apostar a sí mismas y desafiar constantemente los límites propios y ajenos.
-Lo que me gustaría saber -dijo ella, como si estuviera perdiendo la paciencia- es si cada mes yo cobro plata.
-De vuelta, te comento que es poco común preguntar por el salario en la primera entrevista -insistió él, y volvió a mirarla por debajo de su cuello.
-Entiendo tu punto, te agradezco que lo repitas, pero de verdad me gustaría tener esa información. En general, prefiero tener un sueldo cuando trabajo en algún lugar -explicó ella, visiblemente irritada.
-Me parece excelente tu planteo -señaló, con sarcasmo- y por eso quisiera dar por terminada la entrevista. Te agradezco por haber venido.
-¿Me estás diciendo que me vaya porque te pregunté si teníamos un sueldo fijo?
-Estoy dando por finalizada la entrevista porque considero que ya evalué tu perfil de manera suficiente. Cualquier cosa te estaremos llamando.
-¿Cómo podés hacer esto?
-¿Perdón?
-Que quiero que me expliques cómo podés ser capaz de trabajar acá y tomarle el pelo a los entrevistados.
-Por favor, ya terminamos la entrevista, no es necesario continuar la conversación.
-Quiero que me des una explicación, nada más. Me decís y me voy.
-Yo acá sólo estoy cumpliendo con mi trabajo.
-O sea que, si tu jefe te pidiera que mataras a todos los que están esperando para la entrevista, ¿lo harías sólo porque es “tu trabajo”?

El entrevistador se levantó y abrió la puerta.

-Hemos terminado, podés retirarte -invitó, mostrando la salida.
-¡No me “retiro” nada! -desafió, levantando la voz- ¿Me vas a dar una explicación o no? ¿Cómo es que ofrecés trabajo sin sueldo fijo y ni siquiera sos capaz de decirlo abiertamente? Encima me venís a contar una historia malísima de que la gente es exitosa cuando es un pedazo de mierda egoísta y que por eso yo tengo que tenerlos como ejemplo, ¿qué te pasa? ¿Esto te parece bien? De verdad te pregunto.
-Por favor, ya está. ¿Cómo era tu nombre?
-Bianca.
-Bueno, Bianca, si no estás interesada en trabajar, podés irte y dejarme entrevistar a una persona que sí lo esté -dijo, mientras señalaba a la gente que estaba esperando en la sala.
-¿O sea que el problema soy yo, que “no quiero” trabajar? Yo no puedo entender cómo no se te cae la cara de vergüenza. De vuelta, ¿esto te parece bien? ¿Tomar de pelotudos a los que están buscando trabajo te parece normal? ¿Jugar con la necesidad de la gente es algo que no te hace ruido?
-No juego con la necesidad de la gente.
-Sí que jugás, porque yo te pregunté abiertamente cuánto era el sueldo y vos me metiste un discursito esperando que yo no me diera cuenta, ¿a vos te parece bien?
-Basta, flaca, tomatelá, en serio, ya está -contestó el entrevistador, abandonando su tono formal.
-Yo me las tomo, pero quiero que sepan todos acá que esta empresa es una porquería, y que no les van a pagar un peso porque es todo a comisión. Y no sólo eso, sino que seguramente tengan que trabajar para este mentiroso -respondió, mirando a la gente que esperaba- Ah, y otra cosa, ¿por qué me mirabas tanto las tetas? ¿Creés que no me di cuenta? ¿Te parece serio hacer eso, así de profesional sos?

El entrevistador se agarró la cabeza, y resopló con fuerza.

-Ya está, tranquilo, yo me voy -aseguró Bianca- pero tenés que pensar en lo que estás haciendo, porque le hacés perder el tiempo a un montón de personas. En ninguna parte del aviso decía que este laburo era en ventas, ¿entendés mi planteo o no?
-Sí, lo voy a pensar, por favor dejame seguir trabajando -rogó, con hastío.

Bianca abandonó el lugar, mientras la recepcionista la miraba con rechazo. Antes de cruzar la puerta amagó a decirle algo, pero se retractó y continuó su camino.

Una vez que estuvo afuera, miró su celular y murmuró: “¿Y ahora a dónde mierda tenía que ir?”. Tras chequear una dirección siguió caminando, pero frenó al ver pegado un cartel solicitando camareras con experiencia en un restaurante. Dudó un momento, y después ingresó.

Se acercó al mostrador, y le habló a la cajera:

-Hola, disculpame, ¿está el encargado o encargada?
-Sí, pero está ocupado, ¿qué necesitás? -contestó la empleada, con desgano.
-Me gustaría darle mi CV. Vi que buscan camareras.
-Ah, por el trabajo. Sí, ¿tenés experiencia?
-Sí.
-¿De camarera?
-No, pero aprendo rápido, y tengo buena predisposición.
-¿Sabés llevar una bandeja?
-Puedo aprender.
-No, no me sirve. Necesito a alguien que sepa hacer algo básico como eso.
-¿Vos estás a cargo de la búsqueda?
-No, pero yo estoy todo el día acá, y la idea es traer a alguien que pueda darme una mano.
-Ok, está bien. Entiendo. Bueno, gracias igual.

Bianca estaba por irse, pero apareció un hombre grandote detrás de la cajera, y preguntó qué estaba pasando. La empleada explicó que Bianca buscaba trabajo, y él le habló:

-¿Cómo es tu nombre?
-Bianca.
-Marcelo, un gusto -saludó, dándole la mano- ¿Tenés experiencia?
-Sí, pero no de camarera.
-Hm -hizo el hombre, mientras la miraba de arriba abajo- ¿sabés llevar una bandeja?
-No.
-Hm -hizo de vuelta, nuevamente mirándola de arriba abajo- ¿Y cómo te llevás con los clientes?
-Muy bien, me gusta mucho la atención al cliente -contestó Bianca con un tono muy poco creíble, mientras la cajera lanzó una pequeña risita.
-Bueno, ¿podés arrancar hoy? -preguntó el jefe.
-¿Hoy? -preguntó, sorprendida- Se me complica.
-Dale, te estoy dando laburo…
-Estoy súper contenta con que me ofrezcas trabajo, pero la verdad es que no sé cuánto es lo que pagan ni los horarios.
-Escuchame, hacé una prueba hoy, venite tipo seis, y si te gusta el laburo hablamos de números.

Bianca miró con recelo.

-Bueno, vengo hoy a las seis -terminó diciendo.
-Muy bien, traete ropa negra.

Tras agradecer la oportunidad, salió del restaurante, mientras la cajera miraba con decepción al encargado.

Bianca le escribió a Mila:

-Amiga creo que conseguí trabajo.
-¿Por qué “creo”?
-Porque me dijeron de hacer una prueba hoy.
-¿Hoy fue tu primer día buscando trabajo y ya conseguiste?
-Sí, jaja.
-Bueno te re felicito, con lo difícil que está… ¿De qué es la prueba?
-De camarera.
-¿Cuánto te van a pagar?
-No sé, me dijo que vaya hoy y después si me gusta vemos. Arranco a las 18.
-Ok. Mucha suerte Bian, ojalá quedes, y tratá de tomártelo con calma.
-Siempre me tomo las cosas con calma. Igual, ahora voy a otro lugar donde buscan gente, es un lavadero de autos me parece.
-¿Dónde la viste esa búsqueda? ¿Qué onda, reflotó el empleo en el país? Jaja.
-En el Clarín lo vi, boluda.
-Ah, ok. ¡Éxitos!
-Gracias Mila.


Bianca caminó varias cuadras hasta llegar al lavadero. Luego de esperar unos veinte minutos en la fila, finalmente llegó su turno de tener la entrevista. Una mujer recibió su CV, la hizo sentarse, e inmediatamente le preguntó:

-¿Disponibilidad horaria?
-Full time.
-¿Experiencia?
-Está ahí en mi CV.
-¿Manejaste caja? -continuó indagando, a la vez que anotaba las respuestas.
-No.
-¿Estuviste en atención al cliente?
-Sí.
-¿Sos puntual?
-Sí.
-¿Casada? ¿Hijos?

Bianca se quedó callada y, ante la mirada de la entrevistadora, dijo:

-No sé si se puede preguntar eso en una entrevista de trabajo.
-¿Casada? ¿Hijos? -insistió la mujer, como desoyendo su comentario.
-Ninguna de las dos.
-¿Sos problemática? ¿Te enfermás mucho?
-No.
-¿Cuánto tiempo de viaje tenés hasta acá?
-Depende el horario en el que viaje.
-¿Más de una hora?
-No.
-Ok. Perfecto. Cualquier cosa te llamo.
-¿Vos sos la encargada de la búsqueda?
-Yo soy la dueña.
-Ah, ok, ¿te puedo preguntar algo?
-Sí, rápido.
-Si quedo, ¿tengo que usar la misma ropa que las chicas que trabajan acá? Me parece un poco sugerente.
-Son calzas, nena, ¿qué te parece sugerente?
-No, nada, qué sé yo. ¿Ellas eligen usar esa ropa, o vos les dijiste?
-En cualquier trabajo te piden un uniforme. Y mis empleadas están muy bien cuidadas, ni se te ocurra decir que la pasan mal.
-No dije eso. Sólo que me dio mala espina la idea de las calzas, siendo que parece que todos los clientes son hombres.
-Si querés, podés entrar como lavaautos, y ahí usás la ropa que se te dé la gana, pero tenés que laburar como negra, ¿te gustaría? Me parece que no, ¿no? -lanzó, mirándola con altanería- Tomá, agarrá tu CV, llevátelo.
-¿Me estás descartando por haber hecho una pregunta?
-Sí. Dale, andá que hay un montón de gente en la fila -apuró, y Bianca le hizo un gesto de enojo- ¿Qué? ¿Qué te pasa?
-No me parece bien que nos tratemos así entre mujeres.
-Yo trato a todos para la mierda, menos a mi familia y mis empleados. No lo tomes personal. Andá tranquila, nena, ya vas a conseguir trabajo en otro lado.

Bianca se quedó un instante mirando a su entrevistadora, ladeó la cabeza, y regresó a su casa. A la tarde salió hacia el restaurante, para tener su primer día de trabajo.


Parte 9: https://unperfectoplandelfin.blogspot.com/2019/08/mila-bianca-parte-9.html


Escrito por Tomás Bitocchi


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